Abril 24, 2008

Esforzándose II

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De nuevo las ganas de salir adelante de aquellos que no conocemos hacen ver que muchos que están en cómodo círculo de la tranquilidad no se den cuenta de ello. Y lo mas triste es que la mayoría le da demasiada importancia a las pendejadas por las cuales “lloran” los integrantes del tácito círculo de la tranquilidad. Creo que esta claro que muchos entramos en el círculo cotidianamente sin darnos cuenta …

Volviendo a los desconocidos, que en este caso son niños en su mayoría, veamos como un par de casos (en Colombia y en Sudáfrica) en los cuales las ganas de aprender y salir adelante supera los obstáculos de la naturaleza.

Antes de que conozcan este par de historias también les recomiendo la labor que ha realizado José Alberto Gutiérrez que cuando trabaja como recolector de basura se dio cuenta que la gente botaba los libros que le sobraban sin remordimiento alguno y él a escondidas construyó una biblioteca aprovechando esta situación y su condición … clic para saber mas.

Caso Colombia

   Comillas

Hace 12 años se cayó el puente y los jóvenes de 5 veredas tienen que cruzarlo a pie. Cuando se crece les cobran 500 pesos por pasarlos en canoa.

Unos 300 estudiantes de cinco veredas de Ortega (Tolima) tienen todos los días una preocupación para ir al colegio: la creciente del río Teután.

Los jóvenes de las veredas Vuelta del Río, Bocas del Tetuán, Nicolás Ramírez, San Diego y Balsillas deben cruzar a pie el río para ir al colegio Nicolás Ramírez , pues hace 12 años se cayó el puente y no lo han vuelto a levantar.

Ganas de Estudiar
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A Dilsa Cadena, una estudiante de último año de secundaria, casi la tapaba el río cuando empezó a estudiar. Ahora, ayuda a las niñas más pequeñas a cruzarlo. Los que estudian en la jornada de la mañana deben levantarse a las 4, arreglarse rápido y salir rumbo a la orilla del río. Si no está crecido, lo pasan caminado. Se quitan las medias y los zapatos. Los muchachos se ponen pantaloneta y las niñas apenas se recogen la falda del uniforme. Así, todos se enfrentan al agua. Llevan bolsas para empacar los útiles y la ropa. A los más pequeños, a quienes el río tapa, les ayudan los más grandes.

Pese a sus esfuerzos, llegan al otro lado con la ropa mojada y así siguen para el colegio, pues tienen que entrar a clases a las 5:45 de la mañana. Dilsa llega, regularmente, con sus medias y zapatos mojados. A otros se les mojan constantemente los cuadernos y a otro joven le toca escribir en hojas sueltas porque el río se llevó sus útiles. “Esto es muy duro. Nos toca mojarnos todos los días. Así he pasado todo el bachillerato”, exclama Arcadio Ducuara. Y Catherine agrega que toda la ropa se le moja y no tiene más para cambiarse.

El calvario es igual para los que estudian por la tarde, la única diferencia es que los jóvenes deben librar una carrera contrarreloj porque salen a las 6 y se les viene la noche encima en el camino. Milady Topa, de 11 años, que tiene el rostro triste y la voz apagada, susurra: “siento miedo de pasar el río en la oscuridad”. Y cuando el Teután está crecido deben pasar en una vieja canoa, que les cobra 500 pesos a cada uno. Andrea Gutiérrez, cuenta que a veces sus compañeros no tienen esa plata para cruzar en la canoa. “Nos toca tirarnos acalorados al río y esto es muy peligroso”, dice.

Los estudiantes vienen de familias pobres, que viven del cultivo de maíz y de plátano. José Hernán Urueña, coordinador del colegio Nicolás Ramírez, comenta que a pesar de la circunstancia tan dolorosa los estudiantes tienen un buen rendimiento. “Nunca les cerramos las puertas porque entendemos las grandes dificultades que atraviesan”, dice.

El alcalde de Ortega, Ángel Monroy, cuenta que incluyó en el Plan de Desarrollo para este año una partida de 250 millones de pesos para un puente peatonal sobre el río Tetuán. La obra puede costar 400 millones de pesos y ya existen dos torres levantadas a cada lado. Mientras la promesa se cumple, los estudiantes seguirán desafiando las aguas del Teután para ir a estudiar.

Caso Sudáfrica

   Comillas

En Sahlumbe, un poblado perdido en la región de Zululand en Sudáfrica hay un poblado de 70 casas que vive enfrente de una escuela pública… el problema es que entre ese poblado y la escuela hay un señor río. Hace algún tiempo había una barca comunitaria que los locales utilizaban para pasar de un lado al otro de la orilla. Desgraciadamente, algún sinvergüenza la robó y desde entonces, unos 150 niños hacen el trayecto (que dura 10 minutos) nadando, sentados en neumáticos o incluso navegando en cubos. Para complicar la travesía, los niños llevan en la cabeza sus uniformes doblados y protegidos del agua para que no se mojen y lleguen inmaculados a la escuela.

La travesía no es lo que diríamos un trayecto idílico. El río, aparte de pescado, tiene cocodrilos y he aquí que los estudiantes crucen el río con un más que fundado miedo, un miedo compartido por sus familias que debido a la falta de medios y a la dificultad de construir un puente de tal envergadura no pueden hacer nada por cambiar la situación.

Ganas de Estudiar
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Hay que tener muchas ganas y motivaciones para desafiar un ancho caudal de agua evitando ser el desayuno de alguno de estos reptiles. Quizás a nuestros desganados y desmotivados estudiantes del mundo occidental merecería la pena exponerlos a una prueba así para que puedan experimentar en carne propia el arrojo y la decisión de otros niños como ellos que ponen su vida en peligro con tal de poder asistir a una institución educativa.

Creo que muchas personas que critican la presunta falta de desarrollo en África no tienen ni pajolera idea de lo que supone alcanzar ciertas metas en un ambiente tan diferente de las cómodas oficinas desde donde se desarrollan tantas teorías y especulaciones sobre el subdesarrollo.

A esos niños – aparte de amonestarlos por la temeridad que supone el cruzar así un río infestado de cocodrilos – habría que darles no la medalla del ministerio de Educación, sino la medalla al mérito civil ¿No creen? No se preocupen, esa noticia no saldrá en nuestros medios… hay que pescarla (como lo he hecho yo) de preciosos rincones donde salen a flote estas maravillosas historias humanas.

Créditos

      El caso Colombiano lo encontre en El Tiempo. El artículo lo escribió Jesús Erney Torres y la foto es de Juan Carlos Escobar.   
      El caso Sudáfrica lo encontré (gracias a jorsovernet) en un blog de Periodista Digital. El artículo lo escribió JC Rodríguez. Una de las fotos la encontré en el espacio de Marietha Dos Santos. Es curioso ver que un cocodrilo aparece en una de las pastas de un libro escolar que sostiene uno de los niños.   

Referencia  Si tiene tiempo, vea y lea …
 — Esforzándose
 — El Profesor Que No Sabía Leer
 — Una Escuela Con Un Solo Estudiante

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