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Se desarrolla la crisis
En el otoño de 1933, Majorana volvió a Roma con problemas de salud: enfermó de gastritis aguda en Alemania y al parecer sufría de agotamiento nervioso. Tuvo que seguir una estricta dieta y se hizo introvertido y hosco. Aunque tenía una cariñosa relación con su mamá, desde Alemania le había escrito advirtiéndole con énfasis que no la acompañaría a sus acostumbradas vacaciones veraniegas en el mar. Su asistencia al instituto se hizo irregular y luego se encerró en su casa: el prometedor y joven físico se convirtió en ermitaño. Durante cuatro años se desligó de sus amigos y dejó de publicar. Fue hasta 1937 que Majorana regresó a lo que podría llamarse una vida “normal”. Ese año, después de un largo silencio, publicó lo que sería su último documento científico y solicitó impartir la cátedra de física. En noviembre, fue nombrado profesor de física teórica en la Universidad de Nápoles. Para infortunio de la autoestima de Majorana, sus clases en Nápoles tuvieron poca asistencia. Sus estudiantes sencillamente no entendían lo que trataba de explicarles. El 22 de enero de 1938 pidió con cierta desesperación a su hermano que le transfiriera a un banco de Nápoles todo el dinero que tenía en Roma. En marzo pidió una fuerte suma de su salario profesional, que no había tocado desde su nombramiento. Con esta suma y su pasaporte, abordó el barco el 25 de marzo y desapareció para siempre.
En busca de pistas La investigación iniciada en las semanas posteriores a la desaparición del físico revelaron algunas pistas prometedoras. Pero todas resultaron ser callejones sin salida.
El 26 de marzo, el día en que envió a Carrelli el telegrama y la segunda carta, Majorana posiblemente abordó el barco correo que volvía de Palermo a Nápoles. Según las autoridades de la compañía naviera, había un boleto a su nombre en la oficina del muelle. Luego, cuando se les pidió mostrar la evidencia, afirmaron que el boleto cancelado se había perdido. Un testigo primero dijo haber compartido un camarote con Majorana, para luego decir que no estaba seguro de la identidad de su compañero de viaje. Por otra parte, una enfermera que conocía bien a Majorana insistió en que lo vio en Nápoles luego del regreso del barco el 26 de marzo.

Izquierda: Ettore Majorana con su familia (no especifican la fecha)
Derecha: Estampilla creada en su honor en el 2006
¿A un monasterio?
La familia de Majorana publicó un aviso notificando la desaparición de Ettore, con una fotografía como referencia para una posible búsqueda. En julio recibieron respuesta. El abad del monasterio Gesu Nuovo en Nápoles les dijo que un joven muy parecido al de la fotografía lo había visitado a fines de marzo o principios de abril, pidiendo que se le admitiera en el monasterio en calidad de huésped. Cuando el abad vaciló para aceptar la petición, el joven se fue y nunca regresó. Pero el abad no sabía la fecha exacta, por lo que fue imposible determinar si la visita fue antes o después del viaje de Majorana a Palermo. Luego, se estableció que el 12 de abril un hombre joven parecido al de la fotografía de Majorana solicitó ingresar al monasterio San Pasquale de Portici. También se fue de ahí luego de ser rechazado. Basado en estos informes, vagos pero fascinantes, el escritor Leonardo Sciascia propuso una teoría, 40 años después del evento. Cansado del mundo y las obligaciones impuestas por su trabajo científico, tal vez desilusionado por el aparente fracaso de su carrera de profesor, Majorana buscó un escape en la vida religiosa. En alguna parte halló un refugio donde pudiera vivir de incógnito y dedicar el resto de su vida a las plegarias y a la contemplación.
¿Escapó a Argentina?
La pista final y quizá la más intrigante de Ettore Majorana conduce hasta América del Sur. En 1950, el físico chileno Carlos Rivera vivió en Buenos Aires, capital de Argentina, y se alojó temporalmente en la casa de una anciana. Por casualidad, la anciana descubrió el nombre de Majorana entre los papeles, a quien contó que su hijo conocía a un hombre con ese apellido, pero que ya no se desempeñaba en el campo de la física, sino en el de la ingeniería. Rivera tuvo que partir de Buenos Aires y no pudo seguir la pista. Curiosamente, Rivera halló otra vez las huellas de Majorana en Buenos Aires. En 1960, mientras cenaba en un restaurante, escribía distraídamente fórmulas matemáticas en una servilleta. Un mesero se acercó y le dijo: “Conozco a alguien con el mismo hábito de garabatear matemáticas en las servilletas. Viene aquí de vez en cuando. Se llama Ettore Majorana y era un físico famoso en Italia antes de la guerra, cuando salió de su país para venir aquí. Pero esta pista tampoco sirvió: el mesero no tenía la dirección de Majorana, y de nuevo Rivera tuvo que partir antes de resolver el misterio.
Tres ancianas guardan su secreto
Las fascinantes noticias de los hallazgos de Rivera en Argentina cundieron por el medio científico y llegaron a Italia a fines de la década de 1970. El físico Erasmo Recami y María Majorana, hermana de Ettore, siguieron las pistas y, en la búsqueda, dieron con otra pista más que llevaba a Argentina. De visita en Italia, la viuda del escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias oyó de los nuevos intentos para aclarar el asunto de la desaparición de Ettore Majorana. Ella ofreció la información de que durante la década de 1960 conoció al físico italiano en casa de las hermanas Eleonora y Lilo Manzoni. La señora Asturias dijo que Majorana parecía ser íntimo amigo de Eleonora, que era matemática. Pero la solución al acertijo, que por fin estaba casi a la mano, se esfumó. La señora Asturias rehusó dar más detalles. En realidad, no había visto a Majorana en persona, sino que oyó por terceros de su amistad con Eleonora. La señora Asturias dijo que su hermana y Lilo Manzoni podían dar testimonio, ya que, mientras tanto, Eleonora había fallecido. Pero ambas ancianas no pudieron o no quisieron dar respuestas. ¿Es que las hermanas Asturias habían hecho un pacto con la señora Manzoni para guardar el secreto de Ettore Majorana? Debido a que dos pistas independientes condujeron a Argentina, es muy posible que el físico italiano haya ido allá en 1938, en lugar de aislarse en un monasterio o suicidarse. La razón de su súbita huida aún se desconoce y posiblemente nunca se sepa. Quizá fue muy acertado el seco comentario de <Enrico Fermi> sobre las investigaciones de la desaparición. Si verdaderamente Ettore Majorana hubiera decidido desaparecer sin dejar rastro, lo habría hecho fácilmente, con una inteligencia como la que poseía.
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¿Sólo una solución literaria?
La misteriosa desaparición del físico Ettore Majorana en marzo de 1938 ya había sido olvidada por el público cuando el escritor italiano Leonardo Sciascia publicó en 1975 EI caso Majorana, una obra descrita por él como una “novela filosófica de misterio”. Los cuentos y novelas anteriores de Sciascia trataban casi exclusivamente de las condiciones socioeconómicas, políticas y rnorales de su nativa Sicilia. Sciascia supo del misterio de Majorana en 1972.
En ese año, el Consejo Nacional de Investigación -que financió en 1933 el viaje a Alemania del joven físico- designó a Erasmo Recami, profesor de física teórica de la Universidad de Catania, para que pusiera orden en la breve totalidad de la obra científica de Majorana. Al hacerlo, halló pistas que anteriormente fueron soslayadas y que mostró a Sciascia.
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Al seguir estas pistas, el novelista consideró los motivos que habrían podido obligar a Majorana a salir de Italia y concibió una intrigante teoría: con su inteligencia superior, Majorana reconoció antes que sus colegas la enorme fuerza destructiva de la energía atómica y no quiso tomar parte en el desarrollo de armamento atómico para el régirnen fascista de Mussolini. La tesis de Sciascia suscitó una considerable controversia en Italia.
La voz principal de sus oponentes fue Eduardo Amaldi, que terminó los estudios para el doctorado con Fermi un año después que Majorana. Según Amaldi, ningún científico podía predecir en 1930 el final que habría de tener la investigación nuclear en las décadas de la preguerra. Erasmo Recami, quien conoce mejor que nadie la obra de Majorana, se rehúsa a desechar la teoría de Sciascia. Recami piensa que es una entre muchas posibilidades.
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Homenajes Y Aportes
Lo interesante es que de acuerdo al físico frances Etienne Klein, muchos de los trabajos de Majorana estaban muy adelantados a su tiempo. Al parecer, en los años 30 habría resuelto problemas que fueron re descubiertos por el gran físico Richar Feynman a fines de los 60.
Al cumplirse el centenario de Majorana, en 2006, el Electronic Journal of Theoretical Physics estableció un premio en memoria del físico siciliano. La Medalla Majorana es un un premio anual para los investigadores que muestren gran creatividad, sentido crítico y rigor matemático en física teórica. Adicionalmente se creó una estampilla en su memoria.
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En la Wikipiedia encontramos una pequeña reseña de dos de sus grandes aportes:
— Fermión de Majorana
— Ecuación de Majorana
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No conocía esta historia. No sabía de Ettore Majorana. Bella aproximación.
Comment Por Eduardo Arenas Rodríguez — July 18, 2008 @ 11:39 pm