Enero 30, 2008

El Misterioso Caso De Ettore Majorana

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Estaba iniciando una prometedora carrera como físico. Sin embargo, Ettore Majorana desapareció misteriosamente en 1938, situación que ha generado todo tipo de especulaciones inclusive se ha escrito una novel al respecto.

   Comillas

La noche del 25 de marzo de 1938, el físico italiano Ettore Majorana, de 31 años, tomó en Nápoles el barco correo nocturno a Palermo, Sicilia. Antes, escribió dos cartas. La primera, que quedó en su habitación del Hotel Boloña, estaba dirigida a su familia; en ella hacía una peculiar petición: “Sólo tengo un deseo: no vistan de negro por mí. En caso de que , deseen -o deban- seguir las costumbres sociales, usen otra señal de luto, pero por no más de tres días. Luego de eso, sólo deberé quedar en sus recuerdos y, si son capaces de hacerlo, olvídenme.” Este mensaje tenía el tono ominoso de una nota de suicidio.

La segunda carta, enviada por correo, parecía confirmar que Majorana había decidido dar fin a su vida. Iba dirigida a Antonio Carrelli, director del Instituto de Física de la Universidad de Nápoles, donde el joven científico impartía cátedra desde enero.

Ettore Majorana

“He tomado una decisión inevitable”, escribió a Carrelli. “No hay en ella egoísmo. Pero sé que mi inesperada desaparición será un inconveniente para usted y los estudiantes. Le pido perdonarme, más que nada por haber puesto de lado la confianza, sincera amistad y generosidad que me mostró.” Antes de que Carrelli recibiera la carta, Majorana envió un telegrama desde Palermo, en el que solicitaba pasar por alto su carta de Nápoles.

El telegrama fue seguido por una segunda carta, fechada el 26 de marzo y también enviada desde Palermo: “Querido Carrelli -escribió Majorana-, el mar me rechazó sin remedio. Regresaré mañana al Hotel Boloña. Pero me propuse dejar la enseñanza. Estaré a su disposición para darle más detalles.” La segunda carta enviada a Carrelli parecería indicar un intento de suicidio desistido o frustrado. Sin embargo, esto no anunció una vida renovada para Majorana. Ni Carrelli ni los miembros de la familia del físico volvieron a saber de él.

Un brillante perfeccionista

Según el veredicto unánime de sus contemporáneos, Ettore Majorana poseía una inteligencia extraordinaria. Su mentor, el premio Nobel Enrico Fermi, Ilegó al grado de compararlo con Galileo Galilei e Isaac Newton. Nacido el 5 de agosto de 1906 en Catania, Sicilia, Ettore resolvía, a la edad de cuatro años, complejos problemas matemáticos a velocidades increíbles. Fue un don que confundió y asombró a los que lo rodearon mientras siguió su instrucción. Al principio fue educado en casa y más tarde se le envió a una escuela jesuita en Roma, aunque completó la educación secundaria en el Liceo Torcuato Tasso antes de cumplir los 17 anos. En el otoño de 1923 ingresó a la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Roma, donde entre sus condiscípulos estaban su hermano mayor Luciano y Emilio Segrè. Fue este último quien persuadió a Majorana a dedicarse al estudio de la física. En 1928 fue transferido al Instituto de Física Teórica, entonces bajo la dirección de Enrico Fermi. Al año siguiente recibió su doctorado con mención honorífica, pero durante los siguientes cinco años trabajó con Fermi resolviendo problemas de física nuclear. Aunque la producción académica de Majorana apenas asciende a nueve trabajos publicados entre 1928 y 1937, su obra es aún hoy admirada por la comunidad científica. Los trabajos revelan un minucioso conocimiento de datos experimentales, facilidad para simplificar problemas, una mente despierta y un perfeccionismo sin concesiones. Sus críticas hacia los trabajos de otros le valieron el alias de “El Gran Inquisidor“. Pero era igualmente severo consigo mismo, lo que podría explicar su ritmo lento y lo escaso de su producción académica. A instancias de Fermi, Majorana salió de Italia en 1933, becado por el Consejo Nacional de Investigación. En Leipzig, Alemania, conoció a Werner Heisenberg, también premio Nobel. La correspondencia posterior con Heisenberg revela que Majorana no sólo tuvo en él a un colega científico, sino también a un amigo íntimo. Heisenberg instó al joven italiano a publicar con más frecuencia, pero éste fue reticente.


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