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Todo el mundo cree que para su más famoso personaje, Robinson Crusoe, Daniel Defoe se había inspirado en un marinero que desde 1704 a 1709 vivió en soledad en una isla del archipiélago Juan Fernández, en el Pacífico, a la altura de Valparaíso: el marinero Alexander Selkirk, de 33 años, cuya odisea fue más tarde narrada en los periódicos británicos por sus salvadores, los dos exploradores corsarios Woodes Rogers y William Dampier, a la caza de botín en las posesiones españolas en América.
Inclusive el 1 de enero de 1966 la isla en la que estuvo Selkirk fue oficialmente rebautizada como isla Robinson Crusoe. Al mismo tiempo, la isla más occidental del Archipiélago Juan Fernández fue rebautizada como isla Alejandro Selkirk, aunque es probable que Selkirk nunca la viera. En torno al año 2000 una expedición dirigida por el japonés Daisuke Takahashi encontró instrumentos náuticos del siglo XVIII en la isla, que probablemente pertenecieran a Selkirk.
Todo el mundo cree eso, excepto Tim Severin, viajero y escritor galardonado con el Premio Livingstone de la Royal Society de Londres, célebre por haber seguido los pasos de Ulises, Jason, Marco Polo, Gengis Khan, Simbad el Marino, los Cruzados e incluso de Moby Dick (la ballena blanca), y por haberse ocupado de fascinantes libros de aventuras.
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