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El 21 de diciembre de 2006 falleció el extravagante dictador de la ex república soviética de Turkmenistán, Saparmurat Niyazov, tras un gobierno de 21 años en los que creó un imponente culto a su personalidad y combatió con crueldad a los opositores.
Durante su larga estadía en el poder, Niyazov, que se hizo llamar el “padre de todos los turcomanos”, prohibió el uso de la barba y del pelo largo entre los jóvenes, ordenó la construcción de cientos de estatuas en su honor y anunció, en 2004, la construcción de un palacio de hielo en las afueras de la capital, Ashjabad, una de las zonas más desérticas y calurosas del planeta.
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El culto a su personalidad, sólo comparable con el de su par norcoreano Kim-Jong II, desborda los límites de lo imaginable: entre los retratos y estatuas que se encuentran a cada paso en Turkmenistán se destaca una escultura giratoria enchapada en oro de cinco metros de altura que gira para estar siempre orientada hacia el sol. Las decisiones de Niyazov abarcaban todos los aspectos de la vida de los ciudadanos de Turkmenistán.
Impuso a los extranjeros el pago de una tasa para casarse con mujeres del país y, en abril de 2001, prohibió el teatro, la ópera y el ballet y cerró las salas de conciertos y el circo de Ashjabad por considerar que esas actividades artísticas son “ajenas” al espíritu nacional turcomano.
Al año siguiente cambió los nombres de los meses del año y de los días de la semana. Enero pasó a llamarse Turkmenbashí, es decir, “padre de todos los turcomanos”, como él se hacía llamar, y abril, Gurbansoltam edzhe, que es el nombre de su madre, a quien también se le erigió un monumento en Ashjabad.
Por ironía del destino, Niyazov murió un jueves, que según el calendario que él mismo impuso por decreto pasó a llamarse Sogap gün o “día bendito”. Entre otras medidas, Niyazov prohibió maquillarse a los presentadores de los cuatro canales de televisión, todos estatales, y ordenó a los dentistas del país que se abstuvieran de colocar coronas de oro a sus pacientes por ser “antiestéticas”.

Esta estatua tiene un mecanismo de relojería que la mantiene girando para estar siempre orientada hacia el sol, de modo que ninguna sombra caiga sobre su rostro.
Aparte de presentarse como el mayor estadista de todos los tiempos, este dictador turcomano se consideraba también un poeta y un escritor. Su obra de referencia, titulada Rujnama (Libro del Alma) , una suerte de guía político-espiritual, era de lectura obligatoria en todas las escuelas. “Aquel que lea tres veces el Rujnama encontrará riqueza espiritual, se volverá más inteligente, reconocerá la existencia divina e irá directamente al paraíso”, declaró en marzo pasado el difunto presidente. Tan importante consideraba Niyazov su obra que un cohete ruso puso un ejemplar del libro en órbita alrededor de la Tierra en 2005.
Siempre presente en el ámbito de la cultura, Niyazov prohibió el playback en los conciertos y en la televisión nacional, e incluso en las bodas, “para defender las tradiciones culturales, incluidas las musicales, de la nación turcomana contra la influencia negativa de los elementos extranjeros”.
Entre otras excentricidades, Niyazov decretó la existencia de un nuevo ciclo vital, en el que la infancia termina a los 13 años, la adolescencia a los 25 y después de la edad adulta hay una fase “profética” (entre los 49 y los 61 años) y una fase “inspiradora” (entre 61 y 73 años), mientras que la vejez recién empieza a los 85.
Nació el 19 de febrero de 1940 en Ashjabad, se graduó en 1967 en Física y Matemáticas en el Instituto Politécnico de Leningrado, en Rusia, y en 1962 ingresó en el Partido Comunista de la Unión Soviética. En 1985 fue designado jefe de la República Soviética de Turkmenia y luego, en 1990, en pleno proceso de desintegración de la Unión Soviética, fue elegido presidente de Turkmenistán con el 98,3% de los votos. En 1999, Niyazov, que ya había sumado el cargo de primer ministro y era líder del único partido político turcomano legal -ya que durante su gestión acabó hasta con la más mínima disidencia de su país-, fue declarado “presidente vitalicio” por el Parlamento.
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