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Fugarse de la cárcel se dice en francés coloquial, literalmente, «hacer la bella» y «bellas» Michel Vaujour las ha hecho bellísimas. Como evadirse de la cárcel de La Santé, en pleno corazón de París, en un helicóptero pilotado por su primera esposa, o huir del despacho de una juez de instrucción, altamente vigilado, tomando a la magistrada como rehén con una pistola de jabón.
«Si no eres bueno, le diré a Vincent que te meta en prisión», le amenazaba de pequeño su padre, invocando a un amigo gendarme. No podía imaginar el progenitor que su hijo, más bien miedoso entonces, iba a ser condenado a un total de 95 años de cárcel por diversos robos y atracos más seis espectaculares fugas y tentativas de fuga.
La carrera delictiva de Vaujour comenzó a los 19 años, cuando tomó la costumbre de robar coches para darse un paseo con su chica y evadirse así de la rutina del trabajo en una fábrica de carburadores. Enseguida descubrió que no era de los que podían esperar pacientemente el final de la condena y las maquinaciones ocupaban todo su tiempo entre rejas.
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«Pensar, reflexionar, implicarse enteramente en una evasión con la firme voluntad de llevarla a buen puerto, ya es ser libre», escribe en la autobiografía que acaba de publicar en Francia, Mi más bella evasión, y que figura ya entre los libros más vendidos.
Cada vez que volvía a las calles, atracaba un banco o una empresa, para poder financiar su escapada y llegó a someterse a una operación de cirugía estética en un intento de dar esquinazo a la policía. Durante 20 años, según sus palabras, fue como «un perro loco» que engarzaba largas estancias en los sectores de alta seguridad de las prisiones de Francia y breves periodos de libertad.
Hubo momentos tan dulces como los que pasó en Italia con Nadine, la mujer que le sacó de La Santé en helicóptero, pero su foto adornaba todas las comisarías y gendarmerías, entre las de los delincuentes más buscados, y el temor a ser reconocido y capturado de nuevo acababan ensombreciéndolo todo.
Cuanto más se evadía, más se alargaban las penas, más se endurecían sus condiciones de reclusión y más deseos tenía de evadirse. En este círculo vicioso estaba atrapado cuando una bala recibida en la cabeza durante una detención, que le dejó hemipléjico, interrumpió su carrera.
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El yoga y otra mujer le ayudaron a salir adelante. Jamila, una estudiante de Derecho de origen argelino 18 años más joven que él, se interesó por Vaujour al ver a su primera esposa en televisión. Empezó a escribirle a la cárcel, fue a visitarle, se enamoró de él y acabó proponiéndole su ayuda para una nueva fuga, también en helicóptero.
Aunque el plan fracasó y Jamila fue condenada a siete años, ella consiguió liberarle de otro modo: «He vuelto a enviar a la mujer que amo a una operación demasiado grande para ella», se lamentó después Vaujour y el dolor de saberla en prisión le condujo a renunciar a las evasiones.
La pareja se casó en 1999, cuando él estaba todavía entre rejas, y el rey de la fuga obtuvo la libertad condicional cuatro años más tarde. Hoy viven juntos cerca de París y él escribe guiones para el cine y la televisión. «Somos felices y lo sabemos», escribe en el epílogo de su libro. «El amor me ha hecho nacer a la vida, virgen de todo. Es esa la más bella de las evasiones».
RESUMIENDO
— 1951: Nace en las Ardenas.
— 1974: Primera condena por el robo de un coche.
— 1979: Se fuga tomando a una juez como rehén.
— 1986: Huye de la cárcel parisiense de La Santé en helicóptero.
— 1986: Queda hemipléjico al recibir una bala en la cabeza.
— 1991: Conoce a Jamila.
— 1993: Fuga frustrada en helicóptero.
— 1999: La pareja contrae matrimonio.
— 2003: Libertad condicional.
— 2005: Publica su autobiografía.
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