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En una chimenea submarina a tres kilómetros de profundidad, al norte de la isla Ascensión, en el Atlántico ecuatorial, los investigadores encontraron gambas pegadas a la pared donde las emisiones alcanzaban los 407 grados centígrados, más que suficiente para fundir el plomo. En un espacio de pocos centímetros, la temperatura del agua bajaba hasta los dos grados. Los científicos desconocen qué tipo de química opera en el cuerpo de estos crustáceos que les permite resistir estos cambios tan bruscos y extremos.
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En las más horribles condiciones de frío y oscuridad imaginables, a 700 metros bajo el hielo del mar de Weddell, en la Antártida, una expedición descubrió una comunidad de crustáceos, medusas y protozoos.
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En las profundidades del mar de los Sargazos, a cinco kilómetros, científicos han descubierto varias especies de zooplancton capaces de vivir de los restos que caen desde las aguas superficiales al fondo.
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Una extraordinaria criatura de una sola célula, con una armadura en forma de plato compuesto por granos de mineral, llega a medir un centímetro de diámetro, convirtiéndose en uno de los microbios más grandes conocidos. Fue encontrada en una exploración llevada a cabo en el cañón submarino de Nazareth, en la costa portuguesa, y soporta presiones 400 mayores que las de la superficie.
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Un sonar llegó a medir un banco de peces de unos 20 millones de individuos tan grande como la isla de Manhattan.
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Una nueva especie de cangrejo descubierta en una chimenea submarina de Polinesia tiene un aspecto tan estrafalario, con largos brazos tan peludos como los de un mono, que los científicos se han visto obligados a inventar una nueva familia, Kiwaidae, para clasificarlo. Lo llaman “el cangrejo Yeti”. De esas pinzas peludas cuelgan bacterias que probablemente ayudan al animal a metabolizar alimento, o quizá a defenderse de las emisiones tóxicas de las brechas submarinas. (ver imagen al principio del post)
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Una rara langosta gigante (Palinurus barbarae), cuyo cuerpo plagado de espinas puede alcanzar medio metro de longitud sin contar las antenas, fue descrita el año pasado en Madagascar.
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En 2003, científicos japoneses describieron en la revista Nature una especie de ballena, Balaneoptera omurai, de 12 metros de longitud. Un animal de este calibre sólo puede descubrirse en el mar.
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En el censo de 2006, realizado en el Pacífico y Atlántico y con muestras tomadas a 1.500 metros de profundidad, se encontraron 20.000 clases de microbios nuevos en un solo litro de agua.
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Philippe Bouchet, profesor del Museo Nacional de Francia, calcula que todos los mares del mundo podrían contener entre 10 y 100 millones de organismos, de los que sólo se han descrito actualmente unos 275.000, o sea, ¡el 1% del total!
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El fósil viviente más famoso es el celacanto. Se creía extinguido hace 80 millones de años y habitó los mares en pleno apogeo de los dinosaurios. Su homónimo vivo fue pescado en la desembocadura del río Chalumna en 1939, en Suráfrica. Posteriormente, otra especie de celacanto fue descrita por el biólogo americano Mark Erdmann en Indonesia en 1998? ¡comprado en una pescadería!
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A finales de 2006, los científicos descubrieron en el mar del Coral, frente a la costa noroccidental de Australia, una “gamba jurásica” (Neoglyphea neocaledonica). Se creía extinguida hace más de 50 millones de años.
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Los japoneses filmaron un “tiburón prehistórico” capturado gracias a un pescador a principios de este año en el parque Awashima de Shizuoka. Se trata de una criatura extraordinaria de 1,6 metros con una cabeza abultada y hendida por espectaculares agallas, que parece una anguila gigante provista de dientes en sierra.Algunos paleontólogos han sugerido que podría ser un representante de un grupo de tiburones que aterrorizó los mares hace 370 millones de años, aunque es un tema discutido
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A unos 1.400 metros de profundidad, el equipo de Fujio Inagaki, de la Agencia para la Tierra, Mar y Tecnología de Japón, filmó con un robot una comunidad de crustáceos blanquecinos y ciegos al abrigo de dos enormes chimeneas volcánicas, bautizadas como Tigre y León. El lago estaba situado a unos 50 metros al sur de estas chimeneas y ofrecía un aspecto chocante: masas de gases licuados de color grisáceo fluían entre crestas que brillaban a la luz de los focos, habitados por miles de millones de bacterias. ¡La vida prosperando en un ambiente líquido de dióxido de carbono! “Realmente es algo rarísimo”, explica el profesor Kenneth Nealson, de la Universidad de California en los Ángeles (UCLA).
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Cada semana, un barco naufraga en el mundo en circunstancias no aclaradas. Hay quien apunta que un porcentaje de la culpa la tienen olas excepcionales, un fenómeno que hasta hace poco era una leyenda que sólo circulaba de boca en boca entre marineros. No hay que confundirlas con un tsunami. Mientras que las primeras son barreras de agua verticales en mar abierto, las olas de los maremotos sólo crecen cuando se acercan a las costas. En 1995, la plataforma petrolífera Draupper, en el mar del Norte, registró en sus sensores el avance de una ola de 26 metros.
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Ese mismo año, el crucero Queen Elizabeth II tuvo que hacer frente a una ola de 29 metros en el Atlántico norte. Su capitán la describió como algo “que vino de la oscuridad” y que “tenía el aspecto de los acantilados blancos de Dover”
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En febrero y marzo de 2001, el Bremen y el Caledonian Star estuvieron a punto de naufragar por culpa de una ola gigantesca de 30 metros. El primer oficial del Caledonian Star ?de 3.132 toneladas? describió la ola como “una montaña, una muralla vertical de agua que se nos vino encima”.
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